LA HEROINA MÁS GRANDE DEL PERU
Lee atentamente el siguiente
texto. Cuando se trata de hablar de nuestras mujeres heroínas,
indiscutiblemente tendremos que colocar en primer lugar, en primer plano, a
doña Micaela Bastidas, pues ella fue la primera mártir de la grandiosa lucha por nuestra
independencia. Su abnegación, sacrificio y martirio constituyen un orgullo
y un ejemplo para todos los peruanos. Con su sacrificio, Micaela escribió una hermosa página de la historia nacional. Primero,
porque con su condición de madre, sostuvo valor y coraje al presenciar
la ejecución de su hijo Hipólito, y segundo, porque al enfrentarse a la muerte,
volvió a demostrar su gran valentía.
El 4 de
noviembre de 1780 Túpac Amaru dio a conocerlos motivos
del movimiento. Desde
ese momento Micaela
participó de la causa
de la revolución,
reuniendo contingentes de campesinos, arengándoles y dándoles a conocer las causas de
levantamiento. Y
cuando su esposo tenía que movilizarse a diferentes lugares, ella no vaciló en ponerse al frente de las tropas para
rechazar los ataques realistas, y de esta forma guió a las huestes
revolucionarias cuantas veces
fue necesario. También llevaba refuerzos y
abastecimientos a su marido
En el Archivo histórico de Sevilla se conservan
numerosas proclamas y edictos redactados por ella. En esos documentos se puede
apreciar su espíritu patriótico y revolucionario. Uno de estos documentos decía así: Que nuestra fe se guarde con el mayor
acotamiento y veneración, la que hemos de llevar adelante, y si fuera
posible, morir por ella, respondo con toda distinción a los ministros de
Jesucristo... que en nuestra tropa brille la insignia de la Santa Cruz en
monteras y sombreros... que esta proclama, después de publicarse, se fijen la
puerta de mi casa en Tungasuca...Vencido por
una infidencia más que por los 16,000 hombres que lo combatieron, Túpac Amaru y
su familia fueron entregados a las tropas del feroz visitador Arreche. Micaela Bastidas fue sometida a interrogatorios mediante
torturas, pero la heroína supo resistirlas con admirable entereza
se
condena a Micaela Bastidas a la pena de muerte. Será arrastrada antes con una
soga en el cuello, con los pies y manos atados y un pregonero publicará sus delitos.
Se le someterá a la pena de garrote, cortándole antes la lengua. Luego se le colgará en una
horca y luego su cuerpo será descuartizado. Su cabeza será llevado
al Cerro Piccho,
un brazo a Tungasuca,
otro brazo a Arequipa, una
de sus piernas a Carabaya y el resto del cuerpo al cerro Piccho, donde será quemado justamente
con su marido. Además perderá todos sus
bienes.
Se
le dio a conocer la sentencia pero ella igual la recibió con entereza.
Fue ejecutada a la vista de su esposo y sus
hijos. Era el 18 de mayo de 1781. La sangre que derramó Micaela fue semilla de nuevas
revoluciones.
